domingo, abril 16, 2006

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Hoy de noche:
Las nubes les mordisquean las rojas y titileantes orejas antiavión a los edificios quiteños. Niebla. Un ejercicio de atrapar lentamente, destruyendo el cemento, infiltrandose con el pretexto de la humedad en esta ciudad, sola, solitaria por naturaleza y por arbitraria decisión.
La única forma de que el horizonte en Quito no esté por encima de la cabeza, que el horizonte no de pánico al parecerse a una tsunami-ola gigantesca dispuesta a engullirnos, es entregarles a las nubes el deseo que tenemos de mordisquear orejas.
Esto tiende a dejarnos frigidos, en vez de podrirnos de humedad ganas, sin licuarnos la sangre, cambiando de densidad hasta caer gimiendo por el placer de esta lenta-lenta invasión.

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