domingo, abril 16, 2006

8

La bata no está roja, sinó blanca. Hay que limpiarla. Un poco de ropa. Dejo mi pelo humedo mojando la camiseta que me voy a poner. Debo salir a buscarte. Creo que me quedé dormido, no tengo reloj. No se si me dormí.
Seguro estoy tarde.
El ascensor. Yo no dejo que nadie me toque… solo tu.
Que raro. No hay drama… no hay celos, ¿te extraño? Tu me tocas.. tu no me tocas.
Camiseta gris con manchas de agua… El ascensor se abre, me gusta que sea gris, espejo.
Adentro hay una vieja, le miro y presiento que me conviene estrangularle. Sin remordimiento ni mala onda.
Me subo, ahora se que voy tarde.
Vieja estupida. Aplasta el botón del piso de abajo, cualquiera creería que se baja. Buenas tardes…
No se baja…
Solo una estupida mirada afuera y de nuevo a resoplar. Vieja sebosa.
Que asco me da la gente que resopla como cerdo sin hacer el menor movimiento.
Otra vez el botón del piso siguiente.
Mi impaciencia ya no crece, solo se me transporta a las sienes, buscando una válvula que ya no existe más.
Otra vez una estupida mirada fuera y yo me vuelvo loco.
¿Qué clase de ritual de mierda es este?
Debería detener esta situación, pero nunca he sabido poner a andar mi rabia. Puedo dejar que la gente juege conmigo como con una pelota. Cuando decido decirle a la vieja que se deje de idioteces ya llegué abajo.
Definitivamente llueve.
Estoy tarde.

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